jueves, 4 de octubre de 2012

El Desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas. Raúl Prebisch (1986)


El Desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas. 
Raúl Prebisch (1986)

En esta lectura, el autor se plantea la cuestión de la división internacional del trabajo que ha definido que América Latina ha de encargarse de proveer de alimentos y materias primas para los países industrializados. Sin embargo, muchos conflictos internos y crisis han causado un cambio en el performance hacia un fortalecimiento de la actividad industrial. En ese sentido, la división internacional del trabajo se ve refutada por el hecho de que el fruto del progreso técnico no tiende a repartirse equitativamente entre la colectividad. Las diferencias en los niveles de vida ahora no son sólo entre los países sino a lo interno de sus sociedades.

A partir de esto el autor señala que la industrialización de América Latina lejos de ser incompatible con el desarrollo eficaz de la producción primaria se puede asociar a la mecanización, acercando a la relación que existe entre desarrollo económico e intercambio, alimentado por el crecimiento industrial.

Dentro de los problemas que se encuentran en América Latina se encuentra la escasez de divisas, principalmente dólares, ya que Estados Unidos no ha aumentado su coeficiente de importaciones de productos Latinoamericanos, lo que causa aumento en el precio del dólar, la inflación y repercusiones para la economía en general; es esto una demostración clara de la dependencia de la inversión estadounidense en América Latina.

Esta cuestión que implica una complejidad en el manejo del capital muestra que el modelo de divisas actual tiene repercusiones similares a la rigidez que poseía la aplicación del modelo de patrón oro. En ese sentido la inflación se ha convertido en la herramienta de política monetaria más utilizada para general estabilidad de la moneda, en detrimento del poder adquisitivo.

El problema de la escasez de divisas aunado a la expansión monetaria no ha demostrado tener la capacidad de aumentar las divisas al nivel necesario para poder realizar importaciones de bienes de capital, sino la de redistribuir los ingresos. Tomando en cuenta que la elevación del nivel de vida depende de la acumulación de capital; es decir, de la capacidad de ahorro.

Es ahí donde radica uno de los principales problemas latinoamericanos, de acuerdo a Prebisch, ya que el aumento de la productividad está condicionado al capital –que aumentamos mediante la inversión y el ahorro. Es necesario, como solución, que se dé una cultura de fomento a la formación de capitales en vez de promover el consumo prematuro. La ocupación en el sector industrial entonces se traduce en un aumento neto del ingreso nacional y, por consiguiente, en mayor ahorro. Prebisch, ante esto, propone que las economías latinoamericanas deben crecer a lo interno e industrializarse para permitirse no depender de las exportaciones que, sin dejar de lado que generan divisas, no rinden frutos medidas desde la crisis para el grueso de la economía.

El segundo problema identificado en América Latina está relacionado con la industrialización y el progreso técnico que refiere a la existencia de modelos productivos similares en países vecinos.

Un tercer problema que se identifica a nivel de la región es la eventual contracción de capitales de origen exterior perjudicando a América Latina. A partir de esto es que las ventajas del progreso técnico se ven manifestadas de acuerdo al crecimiento de la productividad de la industria superior al de la producción primaria. Esto se explica fácilmente ya que los ingresos, en la producción industrial, son mayores al crecimiento de la productividad debido a las elevaciones en los precios; en contraparte en la producción primaria los ingresos son iguales al crecimiento de la productividad.

En el proceso cíclico de la economía capitalista observamos como menciona el autor: “en la creciente la demanda sobrepasa la oferta y en la menguante ocurre lo contrario” (Prebisch, 1986, pág. 484), lo que da a entender también que los precios primarios suben rápido en la creciente pero bajan rápido en la menguante.      

En cuanto a la afectación de la elevada productividad de los Estados Unidos, tenemos que tomar en cuenta varios factores, entre ellos: el variante ritmo de crecimiento y la distribución internacional. Esta creciente productividad lo que ha hecho es mejorar el crecimiento de los ingresos pero no el precio de los productos primarios. Es decir, si la ventaja técnica no se propagaba a través de los precios, se extendería de igual modo por medio de la elevación de ingresos, tal como sucedió en las economías industrializadas. Queda evidenciado como el progreso técnico permitió a Estados Unidos acentuar y proseguir con su política proteccionista.

Ante la existencia innegable de una potencia como Estados Unidos que condiciona a toda una región es imperativo que la región encuentre nuevas formas que vayan de acuerdo a la nueva realidad que existe en este momento en América.

La escasez de divisas tiene una repercusión fundamental en América Latina tal y que se origina por la disminución de compra de mercancías por parte de los Estados Unidos, en la medida en la que los países necesitan divisas para cubrir sus necesidades, sean o no justificables.

Las razones para que algunos países industrializados tuvieran mayores ingresos que los Estados Unidos radicaron en que redujeron sus importaciones, especialmente las originarias de esa potencia. En América Latina se buscó disminuir el coeficiente de importaciones por medio de la elevación de aranceles, la depreciación monetaria, las cuotas de importación y el control de cambios[1].

La crisis generada luego de este período proteccionista dio como resultado la aceptación del hecho de que el comercio multilateral era lo más conveniente para América Latina. Si el “centro cíclico” se encontrara en pleno empleo aumentarían las exportaciones al resto del mundo, siendo acompañado, en consecuencia, por un aumento de las importaciones y la acumulación de capital abandonaría el centro siempre que este no disminuya su coeficiente de importaciones. En ese sentido la plena ocupación de los EEUU lograría dos de sus objetivos: promover abiertamente el comercio internacional y estimular la industrialización de América Latina.

El tema de la formación de capital en América Latina, relacionada con el proceso inflacionario, donde el margen de ahorro depende del aumento de la productividad del trabajo, lo cual no ocurre en América Latina debido a la falta de capital que redunda en la necesidad de inversión extranjera directa.

En esa situación se basa un argumento claro que podría ayudar a la aumento de la productividad del trabajo pero que no lo hace: el ahorro; ya que ahorrar significa dejar de consumir. En ese sentido las disparidades de la distribución han creado grupos acumuladores de capital, los cuales se estimulan de formas de consumo propio de países de alta productividad, imposibilitando frecuentemente posibilidades de ahorro y el eficaz empleo de reservas monetarias en importaciones productivas.

La presión inflacionaria se ve modificada por las necesidades privadas y colectivas de recursos escasos. En ese orden, la corrupción y la negligencia han llenado de dudas el uso de reservas por la preferencia de bienes de capital importado. Artículos no esenciales para el desarrollo por el elevado coeficiente de importaciones de grupos de altos ingresos.

De acuerdo a las fases del desarrollo de América Latina se da la existencia de períodos de expansión moderada, donde en primera instancia, se da una fase de euforia en la cual se consumió el capital acumulado. Luego se da un período de tensiones crecientes en los años 80’s y una tercera fase –que Prebisch no hubo observado al momento de la publicación- de “penosos ajustes”.

En ese momento la inflación había desalentado el ahorro espontáneo en América Latina, siendo la explicación de esto que la inflación es el ahorro colectivo empleado por el Estado. Para ello el autor recomienda buscar nuevas posibilidades de ahorro sin tanto inconveniente social como el ahorro forzado. En ese sentido, se emplean las entidades de préstamos internacionales.

Prebisch trata el tema de los límites de la industrialización con cuatro temas esenciales comenzando con el aumento de la productividad que es producto del progreso técnico y que crea desplazamiento hacia una sociedad con mano de obra mal empleada. En ese sentido América Latina debe reducir su coeficiente de importaciones suprimiendo artículos no esenciales para importar bienes de capital. En ese sentido la capacidad de pago debe de estar dada por las exportaciones. El segundo tema es relativo a un límite de carácter dinámico en el que la industrialización debe dar abasto para no requerir importar; esto solo sería viable si la producción fuera mayor a la demanda en el mercado nacional, pero normalmente no es así. 
  
Otro tema que tiene el freno en la industrialización de la región son las políticas inadecuadas, entre ellas, el empleo ineficiente del ahorro, mecanización que ha desplazado la mano de obra que hace que los ingresos reales caigan. Otro aspecto es relacionado con el hecho de que si los países compradores disminuyen su apertura comercial, aunque se aumenten las exportaciones disminuirá el ritmo de crecimiento económico, lo que deja al desnudo las debilidades de la dependencia al exterior.

 Por eso la productividad a lo interno es la solución ya que conforme aumente esta el ingreso real medio en la industria crecerá y los ingresos a los del sector primario serán superiores. Ahora bien, esto nos deja claro que lo primordial es defender los precios del sector primario.

En cuanto a la política anticíclica en América Latina es posible que el ciclo económico de la periferia se base en la exportación. El desarrollo industrial (producto del progreso técnico) podría hacer más perceptibles las consecuencias del ciclo al acentuar el movimiento oscilatorio de la ocupación en las zonas urbanas. Prebisch menciona que “si varían las exportaciones, trayendo consigo efectos sobre la actividad interna lo mejor es optar por políticas de carácter compensatorio” (Prebisch, 1986, pág. 498).

Entre menores exportaciones existan habrá menos demanda interna y por ende menos ocupación e ingreso y menos importaciones. Esto demuestra el ciclo que crea que las exportaciones tienden a ajustar a las importaciones. Es por esto que es inconcebible una política expansiva tendiente a aumentar la ocupación, sin reducir paralelamente el coeficiente de importaciones. Estas han de categorizarse en dos estratos, aquellas impostergables (aquellas indispensables para la máxima ocupación con mínimo de exportaciones) y aquellas duraderas de consumo o capital. Es decir, la política anticícilica es tendiente a aumentar al máximo la ocupación y productividad sin depender de las exportaciones que puedan modificar la dinámica al punto de aumentar las importaciones.

Dentro de los obstáculos que podemos encontrar a la implementación de una política anticíclica encontramos la pérdida efectiva del ingreso real al sustituir importaciones por producción interna, requiriendo generalmente un aumento de los aranceles por el mayor costo de su producción. Esto, en definitiva, requeriría la importación de bienes de capital para el ahorro. Otro obstáculo está relacionado con la necesidad de reducir aún más las importaciones no esenciales para el ahorro. Esto se une al incremento de la población y la mala ocupación.

Cuando el ciclo de exportaciones no es suficiente es ahí donde juegan un papel muy importante las reservas monetarias ya que no se puede cubrir solo con ingresos las importaciones esenciales. En la creciente hay una menor acumulación de capitales, mientras que en la menguante hay una menor salida de divisas la cual solamente puede ser mayor que la acumulación en la creciente si hay una expansión del crédito. Prebisch menciona que durante la creciente el banco central emitiese títulos y durante la menguante los cancelase habría circulado o se retendría una cantidad de oro igual al ahorro. En ese sentido, para la periferia si es esencial que durante el descenso cíclico se reciba cooperación de las entidades financieras internacionales, que no esté limitada solo al crédito.

Otros medios que se tienen al alcance para evitar la depresión son la compra de sobrantes de productos primarios. En la menguante la producción agraria no se reduce, baja el precio de los productos primarios pero sin hacer referencia a una posible desocupación rural. Prebisch menciona que “es inevitable la fluctuación de ciertos tipos de inversiones aún cuando se aplique eficazmente una política anticíclica.” (Prebisch, 1986, pág. 501).

En este contexto latinoamericano los reajustes parciales son un complemento indispensable en la política de desarrollo económico a largo plazo. La industria hará más notoria la vulnerabilidad de la periferia con respecto al centro. Esas fluctuaciones deben ser neutralizadas para evitar que la ocupación productiva disminuya.

En conclusión, todas estas consideraciones generales no pueden aplicarse a casos particulares en América Latina debido a la diversidad de los mismos en muchos factores y aspectos, pero el uso adecuado de políticas anticíclicas podría elevar el nivel de progreso de la región.




[1] Impuestos por las circunstancias; relacionados con la contención de los efectos de la expansión inflacionaria interna sobre las importaciones y las demás partidas pasivas de la balanza de pagos. 

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